Te fuiste un día, sin avisar, así de la nada, tu físico desapareció y tu alma quedó conmigo. Uno de mis mayores miedos se cumplió. Te perdí para siempre. Los momentos quedaron, todos en mi memoria y a vos te llevo día a día en el corazón. Dudo que sea verdad eso de que con el tiempo las heridas sanan, que las personas dejan de extrañarse, que ese vacío nunca se llena pero se va achicando, como dicen varios con el simple objetivo de calmar un dolor que digan lo que digan, va a ser eterno. Es triste vivir sin una parte de mi vida, en cada sonrisa se esconde una lágrima generada al saber que vos no estás acá para alegrarte conmigo. En cada lágrima se esconde otra debido a que no te puedo abrazar para juntar fuerzas, no te puedo acariciar la mano como tanto me gustaba, no te puedo escuchar reír, no te puedo ver sonrojar. Ni hoy ni nunca más podré hacerlo. ¿Qué loco todo, no? Es raro pensar que de un día para el otro, las personas importantes se van de este mundo y absolutamente nunca más vas a poder compartir un momento con ellas. Nunca más las vas a poder ver, no las vas a poder tocar, no les vas a poder hablar, no las vas a poder sentir, disfrutar, escuchar. Simplemente las vas a extrañar. Como yo en este momento, que no puedo hacer más que sentarme a recordar cada momento vivido y permitirme ser feliz recordando que mientras te tuve, acá, cerca mío, la pasé bien, fui feliz. Porque el valor que se le otorga a las cosas en el presente, no es el mismo que tendrán en un futuro. Los momentos que pasé con vos, querido abuelo, fueron hermosos y los llevo en mi corazón, tanto los que recuerdo como los que no, y no los cambio por nada, porque valen oro. No hay cosa que no entregara por un último abrazo, una última charla. En cada momento de mi vida me acuerdo de vos y me encantaría poder compartirlo. En meses cumplo 15 y en una de las noches más importantes de mi vida, no vas a brindar conmigo, no me vas a saludar al entrar, no vas a bailar de mi mano. No vas a estar ahí. ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué? Te necesito a mi lado, necesito contarte cada logro, que me vayas a ver a un partido, que me despidas cuando me voy de viaje, abuelo. Necesito tenerte cerca, abrazarte, sentirte. Te necesito abuelo. Mucho. Muchísimo. Infinitamente. Te amo, te amo aunque no estés, te amo aunque no se si me estés mirando. Te amo con mi vida y más. Te extraño, extraño hablar con vos, extraño tus quejas porque hacía ruido, extraño que me cargues con River, ver fútbol a tu lado, tu pollo a la parrilla. Te extraño con mi alma. Siempre vas a ser el mejor abuelo del mundo. A casi un año de tu ausencia, te digo que doy todo por un segundo más a tu lado.
Te fuiste un día, sin avisar, así de la nada, tu físico desapareció y tu alma quedó conmigo. Uno de mis mayores miedos se cumplió. Te perdí para siempre. Los momentos quedaron, todos en mi memoria y a vos te llevo día a día en el corazón. Dudo que sea verdad eso de que con el tiempo las heridas sanan, que las personas dejan de extrañarse, que ese vacío nunca se llena pero se va achicando, como dicen varios con el simple objetivo de calmar un dolor que digan lo que digan, va a ser eterno. Es triste vivir sin una parte de mi vida, en cada sonrisa se esconde una lágrima generada al saber que vos no estás acá para alegrarte conmigo. En cada lágrima se esconde otra debido a que no te puedo abrazar para juntar fuerzas, no te puedo acariciar la mano como tanto me gustaba, no te puedo escuchar reír, no te puedo ver sonrojar. Ni hoy ni nunca más podré hacerlo. ¿Qué loco todo, no? Es raro pensar que de un día para el otro, las personas importantes se van de este mundo y absolutamente nunca más vas a poder compartir un momento con ellas. Nunca más las vas a poder ver, no las vas a poder tocar, no les vas a poder hablar, no las vas a poder sentir, disfrutar, escuchar. Simplemente las vas a extrañar. Como yo en este momento, que no puedo hacer más que sentarme a recordar cada momento vivido y permitirme ser feliz recordando que mientras te tuve, acá, cerca mío, la pasé bien, fui feliz. Porque el valor que se le otorga a las cosas en el presente, no es el mismo que tendrán en un futuro. Los momentos que pasé con vos, querido abuelo, fueron hermosos y los llevo en mi corazón, tanto los que recuerdo como los que no, y no los cambio por nada, porque valen oro. No hay cosa que no entregara por un último abrazo, una última charla. En cada momento de mi vida me acuerdo de vos y me encantaría poder compartirlo. En meses cumplo 15 y en una de las noches más importantes de mi vida, no vas a brindar conmigo, no me vas a saludar al entrar, no vas a bailar de mi mano. No vas a estar ahí. ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué? Te necesito a mi lado, necesito contarte cada logro, que me vayas a ver a un partido, que me despidas cuando me voy de viaje, abuelo. Necesito tenerte cerca, abrazarte, sentirte. Te necesito abuelo. Mucho. Muchísimo. Infinitamente. Te amo, te amo aunque no estés, te amo aunque no se si me estés mirando. Te amo con mi vida y más. Te extraño, extraño hablar con vos, extraño tus quejas porque hacía ruido, extraño que me cargues con River, ver fútbol a tu lado, tu pollo a la parrilla. Te extraño con mi alma. Siempre vas a ser el mejor abuelo del mundo. A casi un año de tu ausencia, te digo que doy todo por un segundo más a tu lado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario