Cuando uno toma decisiones, generalmente lo hace pensando en un futuro. Lo hace por uno, lo hace por el otro. Por lo que siente, por lo que debe, por lo que ve venir. Lo hace porque escucha a la razón y al corazón al mismo tiempo, porque piensa que va a ser lo mejor. Piensa en el bienestar propio y en el del otro, aunque un dolor temporal logre invadir un alma, dos, tres, cuatro..
Pero, ¿quién es digno de juzgar la decisión de los demás? ¿Quién puede saber si es correcta o no? si me paso cada noche mirando el techo y preguntandome si hice bien. Si este vacío que tengo no lo llena nadie. Y lo peor, la parte más fea de todas, es que la seguridad me invade al mismo tiempo, porque sé que una vez en mi vida actué de forma madura, porque se que hay cosas que duelen y que no las voy a olvidar más. Porque se que extraño a esa persona que se había adueñado de mi felicidad. Pero lo que más me entristece, es que pasan los días y sé que perdí a alguien muy importante para mi, simplemente por la imposibilidad.

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