La puerta.

Sola, en silencio, quebró en llanto aquella noche sin tener un por qué. Y así siguió, todos los días, cuando la oscuridad arribaba, lloraba bajo las sábanas sin emitir sonido alguno. ¿Quién era? ¿Qué sería de su vida? ¿Qué era de su vida? .. Se levantaba cada mañana temprano, iba y volvía. Una rutina abrumante, aburrida, triste, de soledad. Pero una soledad rara, ella no era una chica sola, si así queremos decirle, eso era lo más paradójico, tenía amigos y solía llevarse bien con el resto. Pero se aislaba, se alejaba del mundo, se marginaba cada vez que las cosas no iban bien. Se entristecía fácil cada vez que algo no le gustaba, le costaba confiar, abrirse totalmente a los demás, escondía una personalidad quebradiza detrás de esa imagen que parecía totalmente rígida, irrompible. Loco.
 Loco fue que una  noche, mientras lloraba en silencio y a oscuras en su habitación, vio una luz detrás de la puerta, la abrió y se halló en un lugar donde por primera vez logró sentirse alguien. Un mundo nuevo, donde cada uno de los pobladores tenía algo en común con ella, un lugar donde el miedo no existía, donde podia expresarse libremente y sin temer, un lugar donde se sentía rodeada y querida, y aprendía a valorar las cosas que extrañamente hoy ocurren. Un lugar mágico, un sitio donde era comprendida.
 Pero cuando cerraba esa puerta, la cual no podía permanecer abierta, volvía a lo rutinario de no hallarse. Y ahi era, donde la trataban de rara, ahí era donde todo empeoraba, ya que cada día, el lugar detras de esa puerta crecía y la afectaba más en los aspectos de su vida. Se dio cuenta que debia salir, salir y cerrar esa puerta con llave, porque la diferencia de clima era atroz, hiriente y desesperante. Se dio cuenta que debía salir cuando ya no podía hacerlo, porque en fin, ese era su lugar hoy; al abrir esa puerta todo era calma, tranquilidad y confianza, se la acompañaba, se la hacía sentir bien, especial, querida, se le decía por única vez lo que quería escuchar. Al abrir esa puerta, al abrir esa puerta la soledad desaparecía por un rato.
 Pero ella sabía que no era para siempre, que cuando todo termine y ese lugar desaparezca, volvería a estar sola de nuevo, nuevamente estaría inmersa en ese estado deplorable y sería aun peor.
 Por eso, un día, eligió volver a llorar cada noche ininterrumpida mente, tal vez mañana duela menos de lo que hubiera dolido si ese mundo utópico la hubiese absorbido por completo. Tal vez mañana duela menos esa soledad desesperante. Tal vez mañana, duela menos.
 Esa puerta estará siempre, está en ella abrirla o no.

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