Miedo

La inseguridad de cada día se tapaba con sonrisas que eran reales pero, temerosamente no recíprocas. Más allá de pruebas contundentes, el camino de la necedad siempre resultaba el mejor para el bienestar personal. El afecto crecía, poco a poco, junto con el recelo. Preguntaba, cuando la duda aturdía, pero siempre la respuesta era la negación y, sin desearlo, crecía la desconfianza, por miedo a la mentira.
 Pasó tiempo y lo que empezó como algo insignificante, se convirtió en un universo aparte, totalmente grato, con eso que le faltaba, con lo que nunca pudo tener y sólo así obtenía; alegría.
 Tenía miedo, si, temía que de un día para el otro todo acabara, no la horrorizaba el perder todo lo que habia llevado años construir, lo que la espantaba era la derrota moral que podía llegar a sufrir, la vergüenza que podía llegar a sentir hacia si misma, por no detener algo incapaz de hacerla feliz, nunca.
 Es difícil describir algo que no tiene explicación, algo que es producto de tu cabeza, un invento tuyo, el fruto de mil sentimientos que se complotan para hacerte sentir que un dia, de un segundo para el otro, podés perderlo todo.
 No podemos, aunque lo deseemos con todas las fuerzas universales, vivir sin temor. Vaya a saber por qué, pareciera que estamos condenados y atados al sentimiento más deleznable e inmoral que existe, el miedo. A la vez, es paradójico como, a medida que uno prospera y logra obtener satisfacciones, el lado oscuro crece a la par del bienestar.
 ¿Hay algo peor que el miedo? ¿Existe algo ínfimo al temor? Sí, que este se cumpla.
 De un día para el otro, su mundo se cayó a pedazos, su interior se desmoronó y un ''te lo dije'' sigue dando vueltas en su cabeza hoy en día. Las ganas de volver el tiempo atrás y borrar absolutamente todo, no paraban de girar por encima de sus llorosos ojos. Así, estuvo por días. Recordando momentos que nunca existieron. Entendiendo que lo perdió todo, pero la humillación y el rechazo que sentía por si misma, ahogaba el resto de la deleznable situación, poniendola como única culpable y protagonista de su merecido sufrimiento. A su vez, la costumbre la había consumido. Y sin darse cuenta, afrontando la situación y lo que pueda pasar, haciendo oídos sordos, empezó de nuevo a reconstruír, esta vez, con firmeza.
 Empezar de nuevo no viene mal, si es para mejorar un presente oscuro que no te deja seguir en pie. La angustia era tan grande, que, aunque todo resultara raro, sabia que a la larga, podia arrepentirse, pero era lo que mejor le hacía. No podía desaparecer algo que era real, dolería más. Ahi fue, cuando pudo por fin manifestar todo lo que se habia guardado por tanto tiempo, se sentía libre, y a la vez, la persona más infeliz que el mundo había creado jamás.
 El paso de los días hizo que todo se recomponga, pero era distinto, y mucho más hermoso que antes. Esta vez, aunque ya estaba deshecha, la confianza era algo de lo que debía aferrarse, existiera o no.
Pasan los días y me siento feliz, lúcida, me siento casi completa. Pero pasan los días y el miedo, crece aún más. Porque, me di cuenta que nunca el temor fue real, nunca existió, que lo pasé por encima con situaciones que afronté. Pero, pase lo que pase, siempre viene un nuevo miedo que te carcome.
 No quiero perderlo, no de nuevo, me haría pedazos. Es lo más lindo que tengo, lo necesito conmigo. Siempre. Cada segundo.
 Tengo miedo, no lo quiero perder.

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