El pasado que atormenta, trae recuerdos negros que no hacen más que generar malestar cuando todo parecía estar bien. El detenerse a pensar por un segundo algo que nos hirió, aunque creíamos que ya no nos afectaba, puede llegar a destruirnos por dentro, otra vez.
Pareciera que ese resentimiento no quiere irse, por mas de que todo cambie, que todo crezca, que progrese. Siempre está ahí, esperando, aguantándonos un poquito para que se nos de por desviar la cabeza y se nos vuelva a ir el alma.
Pero por qué, si todo estaba bien, por qué de un segundo al otro tengo que tener un nudo en la garganta y una sensación en el pecho, inexplicable, que de a poco recorre todo mi cuerpo y vuelve a llegar a los ojos, donde derramo las más dolorosas lágrimas.
Y si, podrá parecer poético, una gilada, pero un día me dolió tanto, que no veo la necesidad de mirar atrás y volver a pasar por lo mismo una y otra vez. Pareciera que para eso estamos diseñados, para sufrir. Que tenemos un chip que cuando todo parece estar perfecto nos baja de una, en seco, y nos choca con la realidad. Y duele, duele en lo más profundo, porque vos creías que ya había pasado, que no volvía más, que habían quedado atrás esas eternas noches de insomnio mirando el techo y llorando, replanteándote qué hacer para cambiar los tantos. Y acá estás, de nuevo, tirada, perdida, tratando de encontrar una puta salida a todo esto. Otra vez pensando, maquineando, tratando de tener los huevos para ponerle fin a lo que te hace mal, pero no podes. Y seguis..
No sé qué es lo peor. Si vivir triste por algo que uno no tiene la voluntad para decidir poner un limite, o la razón por la cual uno se aleja del final y con perseverancia quiere que dure: yo creo que la razón, porque es la que nos lastima.
Si hoy estoy mirando el techo sin dormir, de nuevo, es porque esa herida que un día me dejaron fue tan profunda que nunca va a poderse cerrar. El volver al pasado tan solo un segundo, es abrirla y no dejar que cicatrice nunca. Es volver a recordar que, aunque con el paso del tiempo pueda colorearse de otra forma, él nunca te va a querer como lo querés vos.
Y se torma aburrido que el amor siempre sea el centro, tal vez. Pero no puedo parar de replantearme cuál fue mi error. Di lo mejor de mi, desde el principio, desde el antes del principio: valoré, cuidé, fui compañera y amé. Nunca fue recíproco. No hay nada más horrible que amar y saber, darte cuenta a partir de acciones, que la otra persona no te quiere ni un poco, en comparación a lo que vos. Es darte cuenta que vos darías lo que sea, pero del otro lado no apostarían nada. Pero un día te cansás, te cansás y pedís un cambio, y el cambio llega, gradualmente, pero esperar el cambio era mucho. Entonces ahora la que se piensa que está suelta sos vos. Pero no, te encontrás, disfrazada de la más fuerte, con que ahora parece que con el paso del tiempo los tantos se cambiaron. Ahora te es indiferente, el amor sigue, pero ya esas situaciones que antes te generaban angustia no duelen. Pero no, viene la realidad y te vuelve a hacer chocar la cabeza tan fuerte que te despertas y estas aca, de nuevo, tirada en tu cama, mirando el techo, pensando qué hiciste mal. Si lo cuidaste, si lo quisiste, si lo amaste, desde el principio, cuando el ni siquiera te quería. Si lo ayudaste a salir de ese pozo sin fin, de la mano, y seguís agarrada, pero miras para atrás y te juro que te dan ganas de soltarla y que vuelva a caer. Pero sabés que no, porque si hay que caer al abismo por decisión tuya caen los dos. Porque no hay nada que te importe más en el mundo que él, y todos lo saben, todos lo notan. No lo dejarías volver a caer solo, es lo más lindo que tenés, aunque te hiera, cada día un poquito más.
Pasa que a veces necesito sentirme especial, al menos un segundo. A veces necesito que me quieras como yo te quiero a vos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario