la pregunta de mis ojos

 Las ansias, la intriga, el temor y el placer recorrían mi cuerpo desmedidamente, comenzaban en mis manos, obligándome a apretar mis dedos entre si para sentir un dolor que logre distraerme y llegaban a mi corazón, donde todas esas sensaciones se convertían en fuertes latidos. Sensaciones nuevas. Sensaciones encontradas.
 A veces resulta inexplicable. De hecho lo es.
 No logro comprender qué es en realidad lo que siento. Porque si no existe bajo un nombre que anda a saber quién carajos le puso a las situaciones de la vida, esas que se dan cuando la cabeza se nos va con el alma, si no existen bajo un nombre no se que mierda es lo que me pasa.
 Tiemblo. Tengo ganas de seguir y arrasar con todo. Dejarme llevar de una forma tranquila es lo que deseo, pero a la vez se me torna completamente imposible. Espío. No quiero seguir más. Pero no porque sea cobarde, simplemente me aterra saber que de una vez por todas todo esto va a terminar. Y no quiero que termine, preferiría que dure para siempre. Sí, para siempre es una expresión muy amplia. Una palabra que se refiere al tiempo como una eternidad de la que sería partícipe, y la palabra eternidad es una de las más bellas que hay en el universo. Amaría que sea eterno, que no tenga un final, que no se pierda con el paso de los años, de las personas, que perduren sus efectos: sus emociones y sus valores. Que cada tramo sea el principio, siempre.
 Avanzo de a poco, cierro los ojos. Que sea eterno.
 Sigo, corajuda. ¿Corajuda? ¿Eso es el coraje? El coraje es otra cosa.
 Hago un parate para pensar, el ambiente debe ser ameno. De repente se rompe esa inspiración que había logrado, profunda, plena, se hace añicos ese nuevo mundo que había podido crear para hacer tal vez un poco menos doloroso el final de mi historia.
No me importa, debo continuar, mi cuerpo inmerso en codicia me lo pide. No quiero. Quiero. No quiero. Debo.
Debo, debo proseguir. Las sensaciones son prolongadas. Respiro hondo y le doy para adelante. Es hermoso, después de tanto tiempo voy a descubrirlo. Es triste, solo se puede descubrir una vez. Anhelo que sea eterno.
Piel de gallina y lágrimas en los ojos, me hago uno con cada párrafo, con cada palabra, con cada letra. Es mi mundo, también. Es mi historia. Estoy segura que será eterna. Porque así lo quiero yo.
 Cuando el corazón late fuerte y se electrifica cada rincón de mi, se que será eterno. Al menos en mi memoria y con eso, con eso me basta. Cuando tomo algo para hacerlo mío por siempre, será así porque así lo quiero, y así las simplezas de la vida lo permitirán, adoptándolo en cada momento existente en la faz de la tierra, y quién sabe dónde tiempo después.
 Está lloviendo, el clima es perfecto. Me gusta la lluvia. Limpia el alma, sana el espíritu, lo hace puro. Saca a relucir las emociones más intensas, las deja en evidencia.
 A Morales también le gustaba la lluvia. Cada vez que vea las gotas caer me acordaré de el. De él y de su eternidad, la que un personaje puede imponer en la simple vida de un ser insignificante, con afán de ser eterno.
(Y sé que no fue el final, fue sencillamente el principio de una nueva forma de ver nuestro mundo)

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