Podria empezar este texto con infinitas puteadas que me
salen desde lo más profundo del corazón con una mezcla de bronca y dolor, pero
me remitiré a no ser boca sucia, porque para sucio ya tuvimos este partido.
Como todo
superclásico, la ilusión de ganarle a tu eterno rival crecía con los días a
medida que la fecha sea acercaba. Porque no es sólo fútbol, no es solo un
partidito más del campeonato, es el
superclásico. El partido del torneo, el que todos esperan, no solo los
hinchas de los partícipes sino el fútbol nacional y mundial. Ese partido donde
no importa nada, solo ganar y respirar gloria, ese partido con las previas
apasionantes, las termeadas históricas, ese partido que se vive con el corazón
en la boca, ese partido que mueve millones, del que todo el mundo está
pendiente. El que dará que hablar el lunes siguiente, y del resultado dependen
las cargadas que te comas en el laburo, o la sonrisa de oreja a oreja con la
que entrarás a la escuela, y sin decir ni una palabra hasta que llegue el
momento justo, vas a disfrutar en silencio, porque vale doble, hasta tirar una
simple frase que herirá a tu compañero bostero, o gallina, como flecha en el
talón de Aquiles. Eso es este clásico. Es pasión, expectativa, ansias,
nerviosismo, ganas de disfrutar, hambre de fútbol mezclado con folklore de la
hinchada. Uno de los espectáculos más lindos del mundo.
Podría continuar esta
escritura, tratando de ser objetiva, intentando hablar de juego, como si no
hubiera sentido nada. Peeeeeeeeeeero, no va a ser así. La calentura que tengo
no la puedo explicar con palabras, ya que las mismas no alcanzan. Increíble.
Semanas esperando este momento y fue uno de los más asquerosos que me tocó
vivir en este año. Esperé días y días. Llegó. Esperé horas y horas. Agarré mi
foto de Angelito Labruna, la puse arriba de la cama y Delfino pitó. Esperé
segundos. Lanzini la metió. Grité, me abracé con mi vieja y dejé que, por un
tiempo reducido, mi mal presentimiento se vaya volando. A partir de ahí, no
tuve más dimensión de los minutos, lo que tengo en claro es que sufrí cada uno
de ellos con los dientes apretados. Regalando pelotas por imprecisiones; puro
pelotazo y pases horribles, llegó ese empate de los bosteros que tan pero TAN
predecible era. Una cosa de locos. Uno de los equipos que peor fútbol juega,
que peor defiende, que está inmerso en una decadencia enorme, que se tira para
atrás, que no hace NADA, nos había empatado un partido que jugabamos con
ventaja, ya que no es un detalle menor abrir el marcador antes del minuto de
juego, y tener innumerables contras antes del gol del rival. ¿Culo? Para nada,
lo que pasa es que los pelotudos somos nosotros. Y disculpen si me dejo llevar
por la bronca. Pero no me entra en la cabeza, no me entra en la cabeza y no me
entra en la cabeza la idea de que esto sea River hoy. Es tan feo que a varios
de los jugadores del club más grande del país, con una historia tan rica en
glorias deportivas, les pese la camiseta. Tan triste. Después del empate no
fuimos nada. Y cuando digo nada es nada. Un equipo perdido, sin ideas, rifando
pelotas, jugadores con actitudes anti deportivas, irresponsables, una imagen
que espero nunca volver a ver y que, era distorsionada por el humo de las
bengalas que la ‘’hinchada’’ de boca tenía encendidas. Asco en su máxima
expresión. Decadencia futbolística en su máxima expresión. Era de esperarse, y
si, era de esperarse, lamentablemente. Este tipo de partidos se fue
distorsionando con el tiempo, la gente de las tribunas ya no es la misma de
antes, no tiene las mismas intenciones, en su mayoría no van a disfrutar del
fútbol y eso, eso es lo más deplorable. Me afligen estas cosas, porque soy una
amante de este deporte, podrán entender, y el saber, el ser consciente de que
recuperar la paz en este tipo de espectáculos tan hermosos, es hoy una gran y
lejana utopía, me pone mal. Y asi se mezcla todo y se hace una ensalada de
sentimientos luctuosos que solamente te tiran para atrás. Se reanuda el juego,
se suplementan minutos y ¿qué? ¿ya está? ¿No se hace nada? ¿Van a esperar a que
le tiren una bomba de estruendo a Barovero en la cabeza para actuar? ¿Van a
esperar a que se maten entre todos? ¿A que se prendan fuego? ¿Qué es esto? Esto
no es fútbol, es un mamarracho disfrazado. Pero lo que pasa es que es un
quilombo suspender el partido, que se mate alguno y ya fue, total no pasa nada.
Así son las cosas hoy, una vergüenza. Siguen los pelotazos, las imprecisiones,
las patadas cada vez van aumentando, al igual que el tiempo. Nunca quise tanto
que un partido termine. Horrible. Indeseable. Desastroso. Final. Taza taza,
cada uno a su casa. Y bueno, me siento a escribir, viendo si se me va un poco
la bronca. Y bueno, sigo re caliente, ni las palabras de Ramón me animan. Y
bueno, había que ganar y no lo hicimos. Y bueno, jugamos horrible. Un empate más
para las estadísticas. Seguimos peleando arriba y ellos ahí abajo. A nosotros nos
duele, ellos lo disfrutan. Las diferencias claras y las cosas como son. Un
punto que apena, porque podrían haber sido tres y gratificantes. Una ilusión destruida,
escasa demostración de fútbol, y una penosa imagen de la transición de este
deporte en la argentina hoy día. ¿Hasta cuándo? Ah si, Boca que asco te tengo,
lavate el culo con aguarrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario